Otto, el veterinario

No quería despedirme de Palermo sin dedicarle una entrada a mi vecino Otto. Y esta, que es la suya, servirá para poner punto y final a Buenos Aires. Otto, de gesto siempre amable y bata blanca llena de lamparones, es sin duda uno de los personajes del barrio, y asuntos gatunos varios nos han mantenido en contacto todo este tiempo. Pero mi última visita a su clínica no tuvo nada que ver con los gatos de la casa, no se habló de pienso, ni de piedrecitas, ni de collares antipulgas ni de nada por el estilo. Fue un final de fiesta inesperado para decirnos adiós.

Hace falta ser muy memo para meterse un bastoncillo en el oído y dejarse el algodón dentro. Pues ese soy yo, un fulano que en doce años no ha sido capaz de batir NL 100. Efectivamente, donde no hay mata no hay patata. Va a sonar a excusa barata pero en mi defensa diré que la lista de percances domésticos es larguísima, y que además las probabilidades de accidentarse se multiplican cuando uno se ve obligado por decreto a pasar veinticuatro horas al día entre cuatro paredes. De algunas de las maneras más absurdas de decir adiós a este mundo sin salir siquiera a la calle ya hablaron los Def con Dos en su Pánico a una muerte ridícula. Y bueno, pues yo elegí el bastoncillo de algodón.

Manda el manual de los memos que lo primero en estos casos es intentar sacar el algodón con unas pinzas para acabar consiguiendo exactamente lo contrario, es decir, incrustarlo bien adentro, hasta el tímpano. Lo siguiente es ir derecho a Google para informarse a fondo sobre las mil maneras de morir a las que te puede llevar un cuerpo extraño cuando produce una infección en el oído. Cumplido el protocolo, y constatado que los de mi seguro médico me habían dejado tirado una vez más, para variar, se me ocurrió ir a ver a Otto. A la desesperada. Después de todo -pensé- un fraggle es un bicho a medio camino entre los campos de la medicina y la veterinaria. Pero ni unos ni otros pudieron ayudarme porque, según parece, los conductos auditivos fragglelianos tienen su aquel -no tenéis más que ver una foto de mi perfil para haceros una idea-.

La gente que deja Buenos Aires se lleva un trocito de la ciudad en el corazón. O al menos eso dicen. Pues yo me lo voy a llevar en la oreja.

Esta entrada fue publicada en Matt "El viajero", Porteño y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.