El gol del honor

Que no se diga que Gobo vivió todos sus días en la indigencia. Acabo de recordar que el mes pasado me alojé en un hotelico de la plaza de Frómista, y esa foto la hice desde la ventana de mi habitación: una joya del románico con solo abrir las cortinas.

Ya sé que Frómista no es lo mismo que Florencia, pero en cualquier caso ahí queda eso.

Publicado en Matt "El viajero" | Etiquetado , | Deja un comentario

Habitaciones con vistas

Me he hospedado justo enfrente del Convento de Santa Catalina de Siena, en lo mejorcito de Arequipa; de Río de Janeiro os puedo contar que estuve en primera línea de su playa más molona, la de Copacabana; y he vuelto hace cuatro días de un hostal a las puertas de la Piazza del Duomo, en el corazón de Florencia. Precisamente de ese último viaje es la fotografía que acompaña a esta entrada, una foto calcada a todas las demás tomadas por mí desde ventanas de hotel.

El vagabundeo me ha convertido en un experto en patios interiores. A estas alturas soy ya toda una autoridad en cacharros de aire acondicionado, cacas de paloma, ropa tendida y caída al suelo, bajantes de PVC, humedades y cosas así. Adquirir ese conocimiento barriobajero no era algo que yo pretendiese, obviamente, pero los presupuestos cortos y las habitaciones con vistas al lado equivocado siempre van de la mano. Ahora ya lo sé, lo sé de sobra después de tantos años.

Debe ser por eso que me enveneno cuando escucho a alguien hablar mal del dinero. Habría que lavar la boca con jabón a todos esos que van por ahí diciendo que los euros no dan la felicidad. ¿Pero qué tienen en la cabeza? ¿Creen acaso que es preferible la miseria? ¿Piensan que es peor una joya arquitectónica de Brunelleschi que un canalón mugroso al otro lado del cristal?

No tener dinero solo trae incomodidades y tenerlo es maravilloso. Yo nunca lo he tenido pero estoy seguro de ello, porque una cosa es ser pobre y otra es ser tonto. Si no lo escribo reviento.

Publicado en Matt "El viajero" | Etiquetado , , | Deja un comentario

El de Simancas

En Simancas os hablarán de su castillo y de su puente medieval sobre el Pisuerga que antes fue romano. Del pino piñonero de la fotografía no lo creo, y sin embargo para mí es un auténtico hito, una referencia en el camino desde mis primeras salidas en bici. Después de muchísimo tiempo fui a verlo la semana pasada y ahí seguía, en su sitio, como si nada. Todos sus compañeros se agolpan en el ribazo de al lado, dándose codazos, en cambio él eligió nacer en el sembrado. Nadie se atrevió a decirle nada entonces y aquel pimpollo de antaño se convirtió en un pino impresionante, el jefe de la vega en la confluencia entre Pisuerga y Duero.

Muy buenas vistas debe de haber desde lo alto de su copa, si yo fuera una ardilla con posibles viviría justo allí arriba.

Publicado en Costa Parda, Matt "El viajero" | Etiquetado , | Deja un comentario

Mares de nubes

Los eclipses totales de sol y los volcanes enfadados se me resisten. Por unas razones o por otras siempre llego tarde a ellos. O demasiado pronto. Para los mares de nubes en cambio soy un fiera, me los encuentro en todas partes sin pretenderlo: los he visto cantábricos, andinos, drakensbergianos… Pero si tuviera que elegir uno solo me quedo con el de este último viaje, un mar de nubes canario con su pinar en primer plano y el Teide al fondo. Precioso.

Hacia el Roque de los Muchachos

Publicado en Matt "El viajero" | Etiquetado , , , | Deja un comentario

De Valladolid

Las patrias chicas de juventud y las comidas de las madres se valoran una vez perdidas, nunca antes. Esa es nuestra miserable condición. Saber que todos estamos hechos de la misma pasta no me sirve de consuelo.

En un hostal de Hobart, en Tasmania, alguien lo resumió en unas pocas palabras que tomó prestadas de Andy Bernard, y allí las dejó, pintadas con rotulador sobre una viga en el techo de aquel dormitorio. Me dormí pensando en ellas: I wish there was a way to know you’re in the good old days, before you actually left them.

Por razones que nadie comprende nuestras cabezas funcionan así, pasan por alto los buenos tiempos, aquellos por los que mereció la pena nacer, y cuando el útimo de esos gloriosos días ya se ha ido, solo entonces, algo en nuestro interior comienza a acuchillarnos con su recuerdo. Ser consciente de ello no me ha hecho avanzar gran cosa, lucho con todas mis fuerzas contra la refinada crueldad de aquel que nos hizo de esa manera, y aquí sigo, incapaz de librarme de la nostalgia. Sin embargo, en mitad de esta guerra perdida he conseguido apuntarme un par de batallas torciéndole la mano al tiempo: volví a las comidas de mi madre y a los paseos por la ciudad de Delibes, con los ojos bien abiertos esta vez, con ojos de gratitud.

Publicado en Costa Parda, Pienso, luego... | Etiquetado , , | Deja un comentario

Primavera en la ciudad

Ya están floreciendo las tapas de las alcantarillas en el barrio. Es la señal. Las últimas lluvias han traído además arco iris por todas partes, uno en cada charco aceitoso.

Las primaveras urbanas nunca inspiraron a los poetas, ellos son más de verdes praderas con sus pastores y sus ovejitas. Pero a mí me parece que tienen su punto.

Publicado en Costa Parda | Deja un comentario

Acueducto de Abánades

La Ópera de Sydney es de las cosas más bonitas que se han cruzado en mi camino. Cuando me fui alejando de ella volvía la cabeza cada poco, para echar un penúltimo vistazo, hasta que al final desapareció. Y supe que jamás nos volveríamos a ver. Nunca pensamos en ello pero mucho de lo que encontramos a nuestro paso es un visto y no visto, y esto es especialmente cierto cuando se viaja. Que el tiempo corra siempre en la misma dirección juega en nuestra contra, pone difíciles los reencuentros.

Sin embargo de vez en cuando conviene llevar la contraria al destino, para que no se acostumbre a derrotarnos siempre. Aunque de antemano nos tenga ganada la guerra siempre se puede intentar vencer en alguna batalla. Y eso fue lo que hice este fin de semana, con la bicicleta como única arma volví a cruzar un puente que es a la vez acueducto, y al que nunca pensé regresar.

Allí nos vimos de nuevo, en el espinazo del Canal de Castilla, yo más viejo y él tal cual. Recordé la vez primera, lo loco que me dejó ver a un río cruzar por encima de otro. Y en este segundo encuentro la sensación de asombro permaneció intacta.

Publicado en Costa Parda, Matt "El viajero" | Etiquetado , | Deja un comentario

Accidentes geográficos

Eo, Navia, Nalón, Sella, Besaya, Pas, Nervión, Deva y Bidasoa. Así se aprendía uno los ríos peninsulares antaño, o sea, de carrerilla. Esa ristra aún continúa ocupando un lugar en mi memoria, concretamente en la sección geografía ibérica/ríos/vertiente cantábrica. Las cosas en el siglo pasado funcionaban de esa manera, aunque nunca nadie le encontrara utilidad a lo de llenar las cabezas de los chavales con toneladas de datos inútiles. No soy tan viejo como para haber tenido que empollarme la lista de los reyes godos -en la generación de mis padres la cosa aún fue peor-, pero ya veis que de los accidentes geográficos no pude librarme. Quizá por eso acabé siendo geógrafo. Y quizá por lo mismo el quesito azul del Trivial es el que menos mal se me da.

Pasó el tiempo hasta que les pude poner cara a todos ellos, y fue entonces cuando dejaron de ser palabras huecas escritas en un libro de la editorial Santillana para ser lo que son: líneas de aguas bravas, nerviosas como colas de lagartija. Esos ríos norteños siguen estando entre mis favoritos. Mucho después llegarían los de Chile, y los hermané a todos, a los chilenos y a los cantábricos. Tienen mucho en común yo creo: respiran entre la espada y la pared, entre los océanos inmediatos que los acorralan y las montañas donde nacen; sus horas están contadas y por eso las disfrutan tanto. No es mala lección de vida.

Salto del Nervión

Publicado en Costa Parda, Pienso, luego... | Deja un comentario

AC/DC

Además de los perros que se cruzan, lo del correr va unido al resto de las jodiendas propias de la intemperie; a saber: frío en invierno, calor en verano, lluvia, polen, humo… En fin, ya veis por dónde voy, son todas incomodidades del mundo outdoor, fáciles de evitar cambiando el trote por el futbolín de bar. Alguna vez os he contado que aún no he sido capaz de dar ese paso, de volver a mis orígenes de dardos, billar y sobremesas de julepe, y que sinceramente desconozco las razones que me siguen alejando del ambiente de tasca pueblerina al que pertenezco. Del café, la copa y el puro a los geles isotónicos hay un abismo que todavía hoy, por más que he reflexionado sobre ello, no sé cómo pude saltar. Y aquí sigo, del otro lado, el contrario al oscuro, el contrario al mío.

Pero la semana pasada, regresando en tren de San Sebastián con el dolorcillo propio de los veintiún kilómetros despachados, tuve una revelación. Se me ocurrió pensar que quizá sigo siendo un corredor practicante porque en un mundo dominado por otras músicas las carreras populares continúan siendo pequeños oasis en los que todavía suenan los AC/DC. Van bien con todo, desde el hormigón armado del Cristo del Corcovado en Río hasta el acero de Chillida en Ondarreta. No me han fallado ni una sola vez.

Publicado en Corre, Forrest, Matt "El viajero" | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Cacahuetes para las ardillas

Lo de la frutera con el cambio, aquellas advertencias de la camarera para que no me resbalara sobre el suelo mojado y me rompiera la cadera, el mal dormir, mis vacaciones en Benidorm del mes pasado… Y ahora esto. No hace falta ser Sherlock Holmes para hilvanar las evidencias.

En el Campo Grande -versión pucelana del Retiro madrileño por si lee esto alguien que no sea de Valladolid- se juntan por las mañanas gentes de malvivir, de esas que trabajan a deshora, y también señores añosos que les dan de comer a las palomas. Por lo que he podido conversar con el resto de los parroquianos yo debo ser una de las poquísimas personas reclutadas por ambos bandos al mismo tiempo.

Pero yo no les echo migas de pan a las palomas, eso se lo dejo a los viejos de capital, porque a mí esos bichos nunca me han caído bien. En realidad ni bien ni mal, debéis saber que para los terracampinos las palomas son solo alimento. Los palomares de adobe que van a ver los turistas por el norte de la provincia están ahí por algo, y no precisamente para que los japoneses tiren fotos.

Antes de que se me escandalice la audiencia quiero aclarar que los de mi comarca tenemos nuestras cosas debido a la sangre vaccea que nos gobierna: prerromanos y pelín brutos pero muy bien alimentados. Sí que nos gusta en cambio pasar el tiempo con las ardillas porque son saltarinas y simpáticas. Nadie de mi pueblo se comería jamás una ardilla.

Publicado en Costa Parda, Imserso, Pienso, luego... | Etiquetado | Deja un comentario