Galopante

Es uno de esos adjetivos que rara vez acompaña al sustantivo más obvio. La inflación le ha robado su lugar, y probablemente sea porque cuando se desboca galopa mucho más rápido que cualquier caballo. Algo que aquí todo el mundo ha tenido oportunidad de comprobar: a golpe de devaluación el peso argentino se ha ido desinflando sin tregua y los precios no han dejado de subir.

Pinché ese billete en el corcho de la pared del salón cuando llegué a la casa de Palermo y hoy ya vale bastante menos. Y eso que a los pocos días de estar por aquí alguien me dijo que no sé que secretaría había redactado no sé que resolución estableciendo precios máximos durante este periodo de excepcionalidad. Pero claro, sujetar precios con resoluciones es como ponerle puertas al campo, o sea, completamente inútil. Os puedo asegurar que en los meses que llevo en Buenos Aires ya he podido ver con estos ojitos cómo esos quinientos pesos de la foto dan cada vez menos de sí.

En 2019 la inflación oficialmente reconocida en Argentina superó el 50% y este año tampoco pinta nada bien. Suma y sigue. No hace falta ser economista para darse cuenta de lo fácil que resulta por aquí ser cada vez más pobre. En alguna ocasión ya lo he dicho pero lo vuelvo a decir: mucho mérito tiene este país para pasar lo que está pasando sin explotar.

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