Dices tú de mili

Todos estos días con el ejército en las calles han dejado mucho que contar, relatos tristes en su mayoría. Sin embargo, para entrar en un análisis profundo del porqué se ha llegado hasta aquí y cuáles son las posibles salidas necesitaría saber de Chile mucho más de lo que sé. En alguna ocasión ya os he confesado que los viajeros estamos a la cabeza del pelotón de los ignorantes, vamos saltando de país en país sin saber muy bien qué está pasando en ninguno de ellos. «Turista profesional» me llamó un tipo una vez, y creo que no se puede afinar más en la definición de alguien como yo.

Los que siguen desde el principio este blog saben que se construye con pequeñas historias, aventuras y desventuras que conozco de primera mano porque he sido testigo directo, y hasta a veces incluso el protagonista involuntario. Escribir sobre cosas así no exige rigurosidad, solamente se necesita una pizca de humor para evitar que el personal se quede dormido mientras te lee. Y en esta ocasión me he querido acordar del soldado plantado en la esquina de Apoquindo con San Crescente, uno de los miles que ocuparon Chile en la última semana. Es una de esas historietas a las que antes me refería, nada que vaya a cambiar el curso de la historia de las cosas importantes. Sin embargo, si soy la persona que os puede hablar de ella es porque yo estaba allí: tres días consecutivos pasé por la misma esquina a la misma hora y allí los vi a los dos, mano a mano.

El viejete encontró una ocasión de oro para amenizar sus paseos matutinos y no la dejó escapar: ¿Quién mejor que un militar de guardia para escuchar sus batallas de abuelo Cebolleta? El pobre soldado tenía unas ganas locas de escapar, se le notaba en la cara, pero no podía, así que en lugar de echar a correr simplemente asentía periódicamente mientras el jubilata le iba explicando con todo lujo de detalles sus años en el ejército durante la dictadura, cuando los hombres eran hombres de verdad.

Yo me libré de la mili por cortesía de Aznar, por lo tanto debo reconocer que no tengo ni idea de cómo funciona la realidad uniformada. Pero si de mí dependiera condecoraría por su valor al soldado de la esquina de Apoquindo con San Crescente.

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