Curavacas

Hubo una temporada en la que nos veíamos las caras prácticamente todos los días. Entonces mi trabajo de urbanista itinerante me llevaba con frecuencia hasta sus pies, muy cerca del diminuto pueblecito palentino de Vidrieros. Y aunque siempre quise sacar un rato para subir a su cima y saludarlo en persona, lo cierto es que nunca tuve tiempo, o yo no lo supe encontrar: los papeles me comían. Las semanas de aquel verano fueron pasando deprisa entre planos y peleas por metros cuadrados de suelo urbanizable, hasta que un día ya no volví más a las montañas de Palencia. Otras batallas ladrilleras siguieron y aquella época en la que fui vecino del Curavacas sin llegar realmente a conocerlo quedó sepultada por las hojas del calendario.

Tristemente debo admitir que ese no es un caso aislado, y me da rabia reconocer que sé más de mi región por sus mapas que por haberla caminado. Son tantos los lugares que he dejado de visitar, tantas las cuentas pendientes que he ido acumulando a lo largo del tiempo que necesitaría cien vidas para poder saldarlas todas. Misión imposible. Y sin embargo al Curavacas no quería renunciar. Y por eso, después de una eternidad que no consiguió borrarlo de mi memoria, volví hasta él hace un par de semanas. Pero esta vez para darle los buenos días desde lo más alto.

Así es como luce su cumbre en un día azul de julio. La pirámide de caliza blanquecina que se recorta al fondo es la del no menos famoso Espigüete, completamente ajeno a los negruzcos conglomerados del Curavacas. Siempre tuve la impresión de que no se llevan muy bien entre ellos. Y no, no hay nada de racista en ello. Rivalidad entre montañas simplemente.

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4 respuestas a Curavacas

  1. Gran recuerdo de mi estancia por allí. Una cumbre imprescindible.
    Me dejé pendiente a su vecino Espigüete. Quien sabe si volveré.
    Un saludo, Crack!

    • josigrock dijo:

      Sir! Ahora que me fijo en tu foto de perfil de Twitter caigo en la cuenta de que también te gustan los vértices geodésicos. Pues nada, a seguir trepando, que hay mucho trabajo pendiente por el ancho mundo.

  2. Preciosa imagen. Muchas veces tenemos las más grandes maravillas a nuestro alrededor y no las aprovechamos. Dejando de aprovechar momentos increíbles.
    Un saludo y mucha suerte.

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