James Webb

Me resultaba muy familiar el nombre del satélite que sale últimamente en todas las noticias, pero no conseguía saber por qué. Esta mañana al fin pude atar cabos: pasé por el supermercado y me di de bruces con el James Webb que yo conocía -cada uno tiene sus referencias-. Por cierto, a seis pavos escasos está la botella, para que luego digan de la cuesta de enero. El que no se emborracha en este bendito país es porque no quiere.

He tenido que ir a la Wikipedia para averiguar que el James Webb que ahora está en las alturas fue un pez gordo de la NASA durante los años sesenta del siglo pasado. Dando por supuesto que el satélite de marras se bautizó en su honor, porque dedicar un prodigio de la ingeniería aeroespacial al licoreta escocés que aparece en las etiquetas del güisqui más barato del súper habría sido un auténtico disparate.

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