El jugador

Preguntado por si había comprendido cuales eran las normas, el jugador contestó que sí. Preguntado por si era consciente de que a partir de ese momento ya no podría dar marcha atrás, asintió de nuevo. Preguntado por si quería que se hiciera algo en particular con el Golf aparcado fuera si en el peor de los casos él ya no volviera a necesitarlo, dijo que le daba exactamente lo mismo.

Mientras esperaba sentado junto con los demás a que la primera y única mano fuese repartida, el jugador tuvo tiempo de hacer desfilar por su cabeza los desafortunados hechos que le habían traído hasta el tugurio en el que ahora se encontraba y del que probablemente no saldría con vida. Desafortunado le parecía que el tipo por el que había apostado un dineral hubiera perdido el combate, y más desafortunado todavía que apenas tuviese unas horas para devolver toda la pasta que había tomado prestada de la sucursal bancaria de la que él era empleado. No sería la primera vez que le pillaran en un renuncio, pero en esta ocasión había llevado las cosas demasiado lejos y tenía la ligera impresión de que nadie se iba a creer que los cien mil euros que faltaban de la caja fuerte habían ardido por combustión espontánea.

Todos los prestamistas de la ciudad le conocían demasiado bien como para intentar siquiera esa vía, y solicitar un crédito personal a su propia entidad para devolver el dinero que les acababa de robar se le antojaba un sarcasmo. La cosa pintaba tan mal que hasta le pareció buena idea inscribirse en una de las peculiares timbas del garito de “El checo”. Allí el buy-in era tu propio pellejo y las partidas se celebraban en la modalidad Winner Takes All. Obviamente Losers lose all, y eso significaba dejar de respirar. Los encuentros eran financiados por un selecto grupo de millonarios a los que divertía ver morir en directo a pobres infelices.

El tacto frío del cañón del revólver en la nuca devolvió la atención de nuestro hombre a la mesa de juego. Se encontraba en el centro de una amplia sala desprovista por completo de mobiliario a excepción de las cuatro sillas ocupadas por los protagonistas del espectáculo. Detrás de ellos otros tantos verdugos apuntaban a sus cabezas y en un segundo círculo se disponían los patrocinadores del evento, expectantes ante lo inminente de la acción. Esta vez se había decidido que la mano se jugara all-in preflop con las hole cards descubiertas.

El papel de crupier fue sorteado en ese mismo instante y las cartas comenzaron a ser repartidas. El jugador estimó que su AJ no iba demasiado bien contra las manos que acababan de recibir sus oponentes: 99, 77 y AQ. Un flop de rags no cambió nada y un ladrillo en el turn tampoco. Se quedó entonces esperando el river con los párpados apretados, preguntándose cómo sería aquello de estar muerto. Los tres disparos sonaron como uno solo.

Necesitó unos segundos para volver a abrir los ojos y comprobar que su corazón todavía seguía latiendo. Y allí la vio, sobre el tapete salpicado de sesos descansaba una de las tres outs salvadoras. Fue en ese momento cuando decidió que se tatuaría una J en el cuello.

El jugador salió del local y se alejó conduciendo: doscientos billetes de 500€ repartidos por los bolsillos, manchas de sangre en la americana y en la cabeza la duda de si volver a la oficina para reponer el dinero o intentar doblarlo en una mesa de black jack.

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5 respuestas a El jugador

  1. stamfordiana dijo:

    qué bueno!!! me ha tenido en vilo absoluto!!!ya sabes que si no te va bien en el poker te puedes dar a las letras….bueno, ya lo sabías y lo sabíamos….

  2. josigrock dijo:

    ¡Muchas gracias por comentar, stamfordiana! ¡Qué bonito pueblo el tuyo! Me alegro de que por fin hayas roto el hielo. A ver si de aquí a unos meses me empiezo a atrever con las letras en inglés. See you next Friday!

  3. badbeateando dijo:

    Haciendo honor al nervio que nos recorre a todos, cuando el river aún tiene algo que decir, Cuantas veces cierra 1 los ojos para no ver la realidad…
    …muy bueno, si señor!!

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