Los caminos de la vida…

No sé qué tendrán los días de lluvia que me ponen más tonto de lo habitual. Preguntaba un abuelillo esta mañana en el bus que si llevaba mucho tiempo en Inglaterra y que si tenía trabajo o qué coño hacía. Y a medida que le iba haciendo un resumen de mi trayectoria vital al buen señor para que completara la ficha, me iba dando cuenta de lo alejado que estaba de la hoja de ruta que dibujé hace veinte años. De hecho creo que la principal razón de ser del blog es dejar constancia escrita de esta etapa porque estoy convencido de que después de un tiempo, cuando haya pasado la página, me resultaría difícil de creer si no pudiera leerlo.

Al rato de terminar mi speech en inglés macarrónico el bus se detuvo: Matusalén había llegado a su parada. Bastón en mano se levantó como pudo del asiento y allí me dejó, a medio psicoanalizar. Decir en voz alta las cosas que pienso siempre me desestabiliza. Son casi las doce de la noche y todavía sigo rumiando el clásico: ¿quién soy, de dónde vengo, adónde voy?

… no son lo que yo esperaba, no son lo que yo creía, no son lo que imaginaba

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