Geles

De los geles energéticos os cuento lo mismo que os conté del Gatorade de mandarina: no puedo con ellos.

Son dulzones, viscosos y de sabores irreconocibles. Solo leer los ingredientes pone los pelos de punta: mezcla de jarabes de trigo no refinados sin gluten, cloruro sódico, cloruro potásico, acidulante… ¿A quién le puede gustar eso? Desde luego a ningún paisano que yo conozca, porque aquí, en Iberia, siempre hemos tenido buen criterio a la hora de alimentarnos. En esta tierra, donde el turrón lleva siglos cumpliendo esa función divinamente, las barritas energéticas licuadas y futuristas no tienen lugar entre la gente sensata.

Sucede sin embargo que mascar almendras bañadas en miel y correr al mismo tiempo es una malísima idea. De hecho, resulta una receta infalible para el atragantamiento. Cierto, pero ante eso se me podría decir: ¿y por qué no paras, te sientas a comer el turrón y luego sigues corriendo? O yendo más al fondo del asunto: ¿y por qué no vas a los sitios andando como las personas normales? Y yo no sabría qué contestar a ninguna de las dos preguntas.

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