Efectos personales

Habréis visto mil veces en las pelis americanas al típico recién despedido saliendo cabizbajo del despacho con todas sus pertenencias en una caja. Es siempre la misma escena. Bueno, pues yo no necesité ni la caja. Tan pobre fue mi finiquito que el contenido no requirió continente. En la mano me lo traje a casa y en la foto lo podéis ver tal y como quedó guardado en mi habitación hace casi diez años. Esta mañana lo redescubrí dentro del armario en un zafarrancho casero de limpieza: mapa, rotulador fluorescente naranja, pegamento en barra, caja de clips y grapadora con sus grapas. Todo eso.

No tengo nada que decir sobre la empresa, sin embargo me gustaría dedicar unas palabras a la grapadora, porque ella sí se las merece. Es una Rapid, made in Sweden, un auténtico maquinón que da mil vueltas a toda la basura que llega hoy de China. No se encasquillan nunca, al más puro estilo Kalashnikov, son duras como piedras y con las tragaderas suficientes para abarcar entre sus fauces los interminables expedientes urbanísticos. Ya lo veis, un finiquito mínimo pero con una bonita guinda: el AK-47 de los oficinistas de élite de aquella época.

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