Inasequible al desaliento

Lo veía al pasar frente a la Consejería de Cultura, protestando a su aire, sin que nadie más que él conociera su causa. Allí estaba todas las mañanas, delante de la puerta, siempre sin compañía. Hasta que un buen día dejó de estar.

Fue un manifestante educado y bien vestido, de los que ya no quedan. Lejos de las estridencias anarquistas de barricadas y petardazos, pero más valiente que todos ellos juntos porque nunca necesitó del respaldo de la manada: hizo frente al monstruo de la administración él solito, y con los pantalones de pinzas bien planchados.

En este país los políticos no son muy dados a dejar la poltrona así que dudo mucho que finalmente consiguiera la dimisión del director general de Patrimonio Cultural. Pero da lo mismo, yo quería dedicarle esta entrada por corajudo. Estaréis de acuerdo conmigo en que no debe ser nada fácil enarbolar una pancarta con tanta dignidad.

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