Cubatas al sol

No son lo mismo que los cubatas a la luz de la luna. Ni tan siquiera parecido. Si hubiera algún científico en la sala quizá podría arrojar luz sobre el asunto, pero como las personalidades académicas entre las filas de fans de este blog brillan por su ausencia -dicho sea sin ánimo de ofender-, nos vamos a quedar todos sin saber el porqué de la diferencia. Yo solamente puedo limitarme a constatar el hecho en mi cuerpo serrano.

Diría que noventa y nueve de cada cien cubatas bebidos a lo largo de mi alcohólica vida han tenido la noche como testigo. Y diría también que ese uno por ciento restante de pelotazos diurnos es muy reciente, tan reciente como la puesta de largo del cochino virus. Ya lo veis, daños colaterales de los toques de queda.

No me malinterpretéis, no estoy diciendo que los vermús toreros no tengan su punto. Desde el principio fueron un inventazo y lo seguirán siendo, pero cada horario tiene sus fermentados y sus destilados característicos, y yo, por muy licoreta que sea, sigo sin verme trasegando ron a la hora del aperitivo o de la sobremesa. En fin, que ya va siendo hora de salir de esta, por salud mental lo digo: tanto tiempo sin una resaca en condiciones no puede ser bueno.

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