Repostería fina

Las clínicas de desintoxicación son para las estrellas del rock y gente así, famosos y ricos en general. En esos sitios se aplican unas tarifas que, obviamente, no se encuentran al alcance de todos los bolsillos. Desde luego estoy en condiciones de asegurar que los habitantes de los suburbios del poker no podríamos ingresar en ellas ni soñando. ¿Qué hacer entonces con mi adicción a los caramelos Smint? Bueno, pues por aquello de que un clavo saca a otro clavo me he volcado en el sustitutivo que tenía más a mano, en la repostería navideña concretamente. Alguno pensará que eso es salir del fuego para caer en las brasas, y yo digo que sí, que es muy posible, pero lo voy a intentar de todas formas y ya os contaré.

El escaparate de la pastelería reflejaba rostros golosos cuando me acerqué el domingo pasado a por mi roscón de Reyes. Yo era la única nota discordante, el dueño de un careto clavadito al del yonqui que espera en la fila por su dosis de metadona. Contando con hoy ya llevo tres días limpio de caramelos.

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