Postales navideñas

En fechas como estas han pasado por aquí elefantes africanos, pinguinos magallánicos y canguros de Melbourne capital. Un poco de todo dependiendo de los sellos del pasaporte. Esas sí que fueron postales navideñas exóticas, al menos para quienes las leyeran desde España. En esta ocasión el tiro se me ha quedado mucho más corto, a caballo entre las campiñas de mi patria chica y los páramos de Torozos. Aunque quién sabe, quizá a todos los amigos que dejé en el otro hemisferio les pueda resultar exótica la postal de este año.

No existe un paisaje más invernalmente vallisoletano que ese de la foto, con sus pinos carrascos acantonados en las cuestas y sus hileras de chopos calvos delatando cauces. No le falta a la composición ni su palomar sin palomas ni su camino a ninguna parte. Esta vez no hay ibis, ni cóndores, ni cacatúas, pero sí milanos reales, que para mí son las aves más bonitas del mundo. Si no los podéis ver es porque están volando entre la niebla. Siempre la niebla.

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