N-122

Llegamos a ser inseparables, aunque no es que fuéramos amigos precisamente. La sigo recordando muy bien a pesar del montonazo de hojas de calendario que me separan de aquella época: era un no parar de camiones, de travesías imposibles, de sol de cara a la ida por las mañanas y sol de cara a la vuelta por las tardes, y de guardiaciviles ponedores de multas agazapados en los sitios más insospechados. Todas mis desventuras empezaban ahí, en el punto kilométrico 361, que estaba y sigue estando en la vallisoletana calle de San Isidro, ya cruzado el túnel de las Delicias. Por lo que os he contado hasta aquí habréis deducido que aquellos no fueron viajes de placer precisamente.

Pues sí, lo de remontar machaconamente el Duero siguiendo esa carretera nacional maldita fue algo que me vino impuesto. Cosas del urbanismo. Con la promesa de una autovía que nunca llegaba iban pasando los años de idas y venidas siguiendo el valle del río más castellano de todos. A veces las salidas no iban más allá de Peñafiel o Aranda de Duero, lo cual era bastante llevadero, pero otras la agenda mandaba llegar hasta El Burgo de Osma e incluso la mismísima Soria capital, ciudad esta última que, para uno de Valladolid, viene a ser la cuna del sol naciente, el extremo oriental del mundo conocido.

En fin, pelillos a la mar, mañana saldré de nuevo en esa dirección, pero esta vez para hacer las paces con la N-122 y conmigo mismo. Por aquello de mirar siempre las cosas por el lado bueno, al llegar a España esta última vez decidí aprovechar la pandémica encerrona. Quería que esta especie de hispanidad sobrevenida me sirviera para saldar cuentas pendientes, y mi archienemiga se encontraba en la lista. Estoy seguro de que en esta ocasión será diferente, sin reuniones odiosas taladrándome la cabeza podré simplemente conducir y dedicarme a ver pasar los viñedos a mi lado en plena temporada de vendimia en Ribera del Duero. Porque puede que la N-122 no sea un prodigio de conectividad eficiente ni de seguridad, pero dudo que haya otra carretera en España rodeada de mejor vino.

La N-122 lleva además a algunos destinos escondidos muy del gusto de la tercera edad y hasta ellos pienso llegar. Ahora que el Gobierno confirmó la cancelación de los viajes del Imserso para lo que resta de temporada, los puretas, es decir, los siguientes en la pirámide demográfica, tenemos la obligación moral de recoger el testigo y levantar un poco el maltrecho turismo nacional.

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