Al-Ándalus

Es algo común entre los expatriados el no moverse un palmo de su patria chica las pocas veces que regresan a su país natal. Uno cuando vuelve a España de visita se queda en España, y más concretamente en su pueblo, sin salir bajo ningún concepto del terruño provincial y mucho menos de la región. Yo había seguido a rajatabla esa regla no escrita a lo largo de los últimos siete años, jamás osé cruzar las murallas de Castilla en todo ese tiempo. Sin embargo algo sucedió en Marruecos hace dos semanas que hizo pedazos mi política de andar por casa. Y lo que sucedió fue que visitando un palacete en Marrakech un franchute que tenía al lado me dijo que le recordaba muchísimo a la Alhambra. Y a mí no me quedó más remedio que agachar las orejas y mirar al suelo. Vergüenza de mis hijos.

Hay tantas cosas de mi país que desconozco que me tomé aquello como una señal, convertí el bochorno en un acicate por decirlo de alguna manera. Por algún sitio había que empezar, y viniendo de Marruecos tenía sentido hincarle el diente al sur de al-Ándalus, aunque solo fuera porque siglos de historia compartida han hecho que las conexiones entre ambas orillas del Mediterráneo sean hoy más que evidentes. Os dejo un par de fotografías de los lugares que descubrí en la escapada de esta semana y que ayudan a ilustrar lo escrito: con ustedes la mezquita de Córdoba a la izquierda y la Alhambra de Granada a la derecha. Original que es uno.

Creedme si os digo que tiene su mérito que no veáis japoneses en las fotos

No es que hayamos sido los cristianos los tipos más tolerantes del mundo. Musulmanes y judíos también han sido y son muy suyos, y si alguien lo duda no tiene más que encender la tele y ver las noticias.
No obstante existe la constancia histórica de que en algunas épocas las tres religiones llegaron a coexistir razonablemente bien, juntos pero no revueltos en ocasiones, y definitivamente revueltos en otras. Crucifijos bajo arcos árabes polilobulados o escudos de la dinastía Nazarí alternando con el águila bicéfala del escudo de Carlos V son un ejemplo de ese mestizaje extraño. Érase una vez España hace mucho tiempo.

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