Sydney en una foto

También podían haber sido mil pero me he prometido a mí mismo ser conciso para ahorrar tiempo y no hacéroslo perder a vosotros. Es la ciudad decana de su país aunque no deja de ser una niña si la comparamos con las nuestras. Poco más de doscientos años que indiscutiblemente han cundido a fondo. Dos siglos largos han dado tanto de sí que podría llenar esta entrada de fotografías y todo el mundo sería capaz de reconocerlas sin haber pisado jamás el lugar. En un tiempo récord Sydney dejó atrás su pasado como convict colony para convertirse en una privilegiada urbe del planeta cuyas postales empapelan las agencias de turismo de medio mundo.

Y así empezó todo, no es ninguna leyenda urbana sino un hecho histórico documentado: Sydney -su bahía para ser exactos- fue el lugar en el que en 1788 desembarcó la primera flota de convictos traídos desde las Islas. No corrían entonces buenos tiempos para el Reino de Gran Bretaña. Sus colonias norteamericanas se habían rebelado e independizado unos años antes y urgía encontrar nuevos destinos para deshacerse de la población reclusa que atestaba las cárceles londinenses y todas las demás. Y Australia, en el punto de mira del Imperio desde que James Cook pasó por allí en 1770, terminaría convirtiéndose en ese destino. Obviamente no se trataba de un continente deshabitado -Cook lo sabía y sus responsables políticos también- pero igualmente se hizo valer el principio de terra nullius, es decir, «tierra de nadie», para desposeer a la población local de sus territorios amparándose en una gran mentira hecha ley. Fue un atropello vestido de legalidad que expulsó o directamente exterminó -según los casos- a culturas indígenas enraizadas allá muchos miles de años antes de la llegada de los primeros europeos. Deshacernos de población doméstica considerada indeseable y barrer del mapa a civilizaciones enteras en los territorios conquistados siempre se nos ha dado bien a los españoles, no obstante históricamente los ingleses pueden presumir de un mejor currículum en esa lamentable especialidad. Esto hay que reconocérselo.

Sydney está en el origen de ese dramático vuelco histórico, y en el origen de Sydney está el barrio conocido como The Rocks, el más antiguo de la ciudad. Un enclave rocoso rodeado de mar por tres de sus flancos, ideal, según el criterio de los carceleros, para concentrar allí a los convictos deportados. Historias de criminales con el peor de los finales posibles se cruzan en The Rocks con las de rateros redimidos encaramados a lo más alto en una ciudad llena de oportunidades, logros que jamás habrían tenido lugar en la clasista sociedad inglesa de los siglos XVIII y XIX. Así fue como comenzó a construirse un nuevo país que terminaría llamándose Australia, un país cuyo embrión está en los callejones de lo que antaño fue un presidio a cielo abierto, y mucho antes el hogar de los Cadigal, un pueblo aborigen del que apenas queda el recuerdo.

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