Habitaciones con descuento

Bicis de montaña y alforjas. A Sevilla llegamos ya de noche y las pasamos canutas para encontrar un sitio donde dormir. La previsión y yo llevamos mucho tiempo reñidos, y los que iban conmigo en aquel viaje, seguramente por eso de que Dios los cría y ellos se juntan, tampoco eran un prodigio de anticipación. Nadie había reservado habitación y no sé lo que estaban celebrando allí en aquellos días pero fue imposible encontrar una en toda la ciudad. Así que acabamos de rebote en Camas, pedaleando entre el tráfico a las tantas de la madrugada. Solo una recepcionista sincerísima nos había ofrecido dos dobles muy baratas en un hotel pegadito a la Torre del Oro. Tan grande era la rebaja y tan raro que estuvieran libres que la señorita se vio en la obligación de aclararnos, sin necesidad de preguntarlo, que justo debajo había una sala de fiestas y que allí no había quien durmiera. Desde ese día aprendí a desconfiar de las habitaciones con descuento: a veces hay discotecas debajo, otras boleras encima y en ocasiones incluso, os lo creáis o no, fantasmas dentro.

Llegué ayer a Santiago, a mi querida casa de los espíritus: mismo cuarto, misma cama. Últimamente no están los tiempos para rechazar ofertas aunque el ahorro en este caso no era lo más importante. Lo confieso, si he vuelto aquí de nuevo ha sido en busca de pruebas. No sé por qué razón las vírgenes se aparecen invariablemente a los pastorcitos y los fantasmas a los que hemos perdido la chaveta. Y además siempre te pillan solo y a horas intempestivas. Ahora que pienso en ello, imagino que lo hacen porque su negocio depende de cultivar el halo de misterio. Y si no imaginad a la Virgen de la Macarena o al Fantasma de la Ópera apareciéndose en mitad de un atasco en la M-30 a las siete de la mañana. Perderían toda su gracia.

ghostbustersMe ha costado hacerle un hueco en la maleta, he tenido que sacrificar calcetines y otros bienes de primera necesidad, pero esta vez he venido con un medidor de ectoplasma que encontré en Poundland en vísperas de Halloween. Por cierto, muy recomendables esas tiendas en Inglaterra: puedes llevarte dos paquetes de galletas Oreo por solo £1 y otras cosas mucho más exóticas como esta que os comento a ese mismo precio. Espero poder obtener una psicofonía o alguna otra prueba irrefutable que enviar a Iker Jiménez y salvar así mi crédito ante los ojos de los cuerdos.

Catorce metros cuadrados tiene aproximadamente la habitación desde la que escribo esto. Cama, armario, mesa y silla son todos los muebles bajo un techo abuhardillado. La ventana da a un patio trasero, así que las vistas al exterior no son gran cosa tampoco. Las vistas al interior son en cambio indescriptibles a medianoche: dan al más allá.

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