Qué ver en Ciudad de México

¿Por dónde empezar? Difícil decisión, pero a mí me dio por ir primero al Museo Nacional de Antropología. Es uno de los más importantes de la ciudad y se encuentra en el Paseo de la Reforma, a una distancia razonable del campo base que establecí entre las calles Liverpool y Amberes. Y lo hice porque en mi deambular por algunos de los principales sitios arqueológicos del país (Chichén Itzá, Tulum y Palenque) los guías me pusieron los dientes largos con frases del tipo: «Esa pieza a la que te refieres estaba aquí pero fue llevada al Museo para su mejor conservación» o «No, no, las esculturas de jade y turquesa y las joyas de oro y plata se custodian en el Museo por seguridad»; se debieron pensar que por mis venas corría sangre del Hernán Cortés expoliador, pero no, solo era curiosidad.  En particular tenía ganas de echarme a la cara el ajuar funerario de Pakal «El Grande», descubierto en Palenque, en el Templo de las Inscripciones. En el Museo lo encontré, junto con otro montón de piezas increíbles que me animaron a seguir dando vueltas por el país para conocer sus lugares de procedencia.

Mascara mortuoria de Pakal, elaborada con trescientas cuarenta piezas de jade. Las tres esculturas siguientes proceden de la zona arqueológica de Teotihuacán. 

Allí fue donde supe de la existencia Teotihuacán, la Ciudad de los Dioses, y al día siguiente me puse en camino. No está lejos del DF, aproximadamente a una hora en coche en dirección NE.

Pirámide del Sol vista desde la Pirámide de la Luna y Pirámide de la Luna vista desde la Pirámide del Sol, a izquierda y derecha, respectivamente.

No digo que la visita no merezca la pena pero me da la impresión de que, en general, y en este caso en particular, a esta gente se le ha ido la mano reconstruyendo. Entiendo que una edificación prácticamente derruida sea mucho menos atractiva desde el punto de vista turístico que una reluciente pirámide recién reinventada, pero si yo fuera arqueólogo o ciudadano mexicano no me molaría nada que antepusieran los intereses económicos a los históricos y culturales.

Bueno venga, y aquí van mis dos favoritas:

La siniestra Coatlicue, la de la falda de serpientes, y el archiconocido Calendario Azteca, al que por lo visto es mejor referirse como «Piedra del Sol»; ambos encontrados en el centro histórico de la capital  y expuestos en la Sala Mexica del Museo de Antropología.

No sé si Guadalajara estará en un llano porque no he ido pero ahora ya estoy en condiciones de afirmar que, efectivamente, México se encuentra en una laguna. Parece ser que los mexicas errantes buscaban el lugar apropiado para fundar la gran capital que acabaría llamándose Tenochtitlán y la leyenda cuenta que el sitio exacto se lo indicó un águila parada sobre un nopal con una serpiente entre sus garras: por lo visto el animal quiso posarse en medio de un islote dentro de un gran lago. La secuencia debió ser más o menos la siguiente:

El relieve de la primera imagen está bastante desgastado aunque aún pueden reconocerse en él a los tres protagonistas de la historia. Para tomar la segunda fotografía esperé y esperé, pero no quiso mi suerte que llegara ninguna rapaz dispuesta a almorzar reptil, ni siquiera pasó por allí un triste gorrión con una lombriz en el pico; lástima, porque hubiera quedado como Dios reproducir el mito. La tercera imagen es un dibujo de un tal Filsinger y recrea la Tenochtitlán que pudo haber encontrado Hernán Cortés hace cinco siglos. Ondea congelada en la cuarta fotografía la enorme bandera plantada en el centro del Zócalo: haced un clic y fijaos detenidamente en su escudo.

Levantar una ciudad en un lago tiene sus inconvenientes, y si a la inestabilidad de cimentar sobre el lodo le añades la derivada del riesgo sísmico pues la cosa se complica más todavía. La antigua Basílica de Santa María de Guadalupe está torcida como un ocho y otros muchos edificios históricos también se encuentran dañados y  van hundiéndose poquito a poquito, aunque de momento ahí están, aguantando el tirón.

De izquierda a derecha: detalle de la Catedral Metropolitana, Bellas Artes y Torre Latinoamericana; las tres fotos inferiores están tomadas desde su mirador del piso 44.

Son muchos los sitios DF22a visitar y muy largas las distancias que los separan. Desplazarse en taxis seguros no es barato en Ciudad de México (calculo que me habría supuesto de media unos 200-250 pesos por carrera) y agarrar cualquiera que pasa por la calle tampoco es buena idea. Una opción interesante puede ser Uber y la otra es tirar de metro, y eso último fue lo que hice yo. Es baratísimo (solamente cuesta 5 pesos) y funciona razonablemente bien. Debo decir que está bastante concurrido y en horas puntas llega a ser una locura, pero preferí que me estrujara el paisanaje en vez de dejarme sablear por los taxistas.

Todo se vende y en todos los sitios, por supuesto en el metro y en las calles, y hasta en el agua siempre aparece alguien con algo que ofrecerte.

Las dos primeras fotos están tomadas en uno de los canales de Xochimilco: trajineras cargadas con comida cocinada al momento, tipos vendiendo artesanía… ¡y hasta mariachis! Pero es que además de darle gusto al cuerpo también puedes recibir atención espirtual por las calles del DF: el párroco que veis tenía su propio stand en Guadalupe.

Y desde ahí repartía el reverendo agua bendita utilizando una especie de plumero empapado que hacía las veces de hisopo. En una de esas me dio de refilón y os juro que pensé «cojonudo, ahora voy a runear en God Mode«; pero no, en los últimos días le he devuelto al Ev las dos mil ciegas que me había prestado.

Voy terminando ya porque las entradas de más de mil palabras no me las leo ni yo. He seleccionado cuatro últimas fotografías de las muchas disparadas para cerrar este post:

Diego Rivera y Frida Kahlo son parte de Ciudad de México y nadie debe marcharse de allí sin conocer su obra aunque sea un poquito. Podéis encontrar impresionantes murales de Rivera en el Palacio Nacional y muchas de las inconfundibles pinturas de Kahlo en la Casa Azul.

Esta entrada fue publicada en Matt "El viajero", México lindo. Guarda el enlace permanente.

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