Distrito Federal

Me pareció la bomba la primera vez que salí del pueblico y llegué a Valladolid, con todo ese tráfico y edificios tan altos como diez casitas de mi villa natal puestas una encima de otra; aquello sucedió en la noche de los tiempos, cuando Gobo era un renacuajo nada más. Años después llegaron Madrid y Barcelona, y otras grandes ciudades europeas que terminarían por convencer al chaval pueblerino de que la majestuosa metrópoli imaginada era solo una capital provinciana más bien humile, y el lugar donde había nacido una simple mota de polvo en el mapa.

Hace cuatro días como quien dice tuve oportunidad de caminar por Londres y Johannesburgo, ambas con áreas metropolitanas tan enormes que se encontraban unos cuantos escalones por encima de lo que yo había visto hasta entonces. Y persuadido estaba ya de haber llegado a la cima de las aglomeraciones urbanas cuando Ciudad de México se cruzó en mi camino. Allí he pasado la última semana para comprobar que todo lo que tiene de grande lo tiene de atractiva, y en la próxima entrada intentaré convenceros de ello a los que no os hayáis dejado caer por el DF todavía.

Travel mapHay un baile de cifras considerable pero la mayor parte de las fuentes que he consultado coinciden en señalar que Ciudad de México ya ha sobrepasado los veinte millones de habitantes. Las dos primeras fotografías están tomadas desde la planta veintitantos del hotel de la Zona Rosa en el que estuve alojado los primeros días: acero, cristal, asfalto y hormigón everywhere, la ciudad parece no terminar nunca.

Por cierto, abro un paréntesis para no olvidar que debo hacérmelo mirar: tengo muchísimo peligro cuando viajo solo y empiezo a trastear en páginas como Booking.com y similares. Definitivamente necesito a alguien a mi lado que me recuerde que soy pobre porque mi propensión a olvidarlo es patológica. El hotel de marras era de cinco estrellas y obviamente estaba genial pero no es lugar para microlimiteros, algo también obvio pero que a mí se me escapó. El caso es que para cuadrar el presupuesto los días siguientes fui a dar a un tugurio que… en fin, alguna vez escribiré la guía definitiva sobre hoteles con desencanto y WCs del terror.

Los naipes del original banco de la tercera imagen me van genial para decir que ya he vuelto al tajo. Y aprovecho la avenida que se ve detrás para colar un dato más respecto al gigantesco tamaño de esta ciudad: es la conocida como Avenida de los Insurgentes y tiene la friolera de 28,8 km de longitud.

Esta entrada fue publicada en Matt "El viajero", México lindo. Guarda el enlace permanente.

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