Rumbo al Sur IV

El viaje de Palenque a San Cristóbal de las Casas por Ocosingo no debería de haber superado las cuatro horas pero acabó convirtiéndose en una odisea de medio día merced a unos tipos que decidieron que por esa carretera no se podía pasar. Todos llevaban las caras cubiertas con pañuelos pero no quedó claro si eran discípulos del Subcomandante Marcos o delincuentes comunes; sea como fuere nos hicieron dar un rodeo del copón.

San Cristóbal fue una de las primeras poblaciones fundadas por los españoles en el continente americano -eso dice la Wiki- y ya no le falta mucho para cumplir el medio milenio. Toda esa historia ha dado origen a una trama urbana bien conservada, con muy buenos ejemplos de arquitectura colonial; además, el lugar que ocupa entre las montañas, unido a su vidilla cultural, han contribuido a darle un encanto especial a la ciudad. Pero alguien debió de contar todo eso en alguna guía turística y aquello se petó de gafapastas del mundo entero que fueron a encontrarse así mismos allá. En fin, supongo que es el precio que hay que pagar en estos casos. Nada tiene que ver uno con el otro, pero paseando por las calles de San Cristóbal me vino a la cabeza la imagen de La Alberca, antaño el pueblecito más auténtico de la Sierra de Francia y hoy degradado a producto puramente turístico donde es imposible dar una patada a una piedra sin que aparezca un madrileño debajo. No se me ofendan los albercanos y los de la capi, pero así son las cosas y así había que contarlas.

La escapada desde San Cristóbal a la cercana población de San Juan Chamula sirvió para confirmar que las comunidades indígenas tampoco han dejado escapar el filón del turismo.  En cualquier caso la visita a su iglesia merece la pena, es la única que yo conozca con su piso tapizado de pinocha y velas, y en la que puedes encontrar a una especie de chamán sacrificando a una gallina para sanar a un paisano. Todo allí es mezcla: el catolicismo se combina con rituales indígenas, la comida típica alterna con fast food y la vestimenta tradicional con los Levi’s.

Llama la atención el hecho de que los tipos se reserven el derecho de admisión en sus asentamientos (si les apetece entras, si no, pues no), y también la autonomía que tienen para administrar justicia y, en general, para organizarse como comunidad. Si queréis más info sobre el derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación podéis echar un vistazo al artículo 2° de la Constitución mexicana.

Como en San Francisco de Campeche os di la barrila con arquitectura civil y militar, he querido cerrar este cuarto y último capítulo del viaje en plan religioso.

De izquierda a derecha: Catedral de San Cristóbal de las Casas, Iglesia de San Francisco y Arco del Carmen

Chiapas15Iglesia de Santa Lucía junto a estas líneas. Es la que más me moló y con ella digo adiós. Chiapas16Ya tuvo que gustarme para que me animara a entrar dentro y todo.

Cada día que pasaba por allí le sacaba una foto, pero el cielo no quería colaborar: a veces estaba gris y otras salpicado de nubes oscuras. Solamente en el último momento, ya con la mochila a cuestas camino de la estación, se vistió de blanquiazul para no desentonar con los colores del pequeño templo.

Esta entrada fue publicada en Matt "El viajero", México lindo. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Rumbo al Sur IV

  1. bj dijo:

    Vaya viajecito, supongo que lo acabarás tirándote de las rocas en Acapulco.
    Cuando te falte el poker tienes curriculum para entrar en la lonlis planet

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