Rumbo al Sur III

A Chiapas entré por Palenque y con estas últimas fotos ya os dejo descansar de yacimientos arqueológicos mayas:

Vista general desde lo alto de una de las ruinas de la antigua ciudad en la imagen de la izquierda, en el centro el famoso Templo de las Inscripciones y a la derecha un trocito de pintura sobre estuco que encontré en uno de los muros de por allí.

El guía parecía tener todo el tiempo del mundo y era un tipo leído, así que estuvimos platicando largo y tendido a la sombra de una ceiba, árbol sagrado para los mayas. Los investigadores no se ponen de acuerdo en el por qué del colapso de su civilización, pero lo que sí se conoce bien es el modelo de funcionamiento de una sociedad completamente jerarquizada donde la élite gobernante ejercía un control total sobre el pueblo empleando la religión como instrumento. Debieron llegar a la conclusión de que someter por la fuerza a la población era muy costoso porque requería de un gran ejército con soldados que habían de ser pagados. En cambio mantener a tu gente ignorante y atemorizada resultaba prácticamente gratis. La fórmula se ha venido repitiendo con éxito sin apenas variaciones, así de perfecta fue su concepción: desde el pan y circo de los romanos hasta los lemas demoledores de nuestros días del palo «Fuera del bipartidismo se extiende el caos y la desolación, solamente nosotros podemos daros fútbol siete días a la semana».

Lo que pude conocer de Chiapas me hizo pensar que este lugar está mucho más cerca cultural y paisajísticamente de Centro América que del resto de México. Y la bibliotecaria de San Cristóbal de las Casas, que como el guía también era una señora cultivada, vino a confirmar mi teoría de andar por casa porque me dijo que Chiapas históricamente había formado parte de Guatemala y que solo a partir del siglo XIX se incorporó al país al que ahora pertenece.

Cascadas de postal cortando la selva y animalejos varios viviendo en ella: una garza solitaria, un bando de zopilotes, el señor cocodrilo calentándose al sol en la playita, pelícanos a la orilla del río y un par de monos.

Hubo debate a cuenta de los monkeys… Un boca chancla que no paraba de cascar todo el rato dijo que el monito de la penúltima fotografía era un mono araña. Pero no, es un mono aullador, el mono araña es el que está colgando de una rama en la última foto aunque solo lo podrán guipar los followers con mayor agudeza visual.

Tengo que reconocer que el aullador jovenzuelo que podéis ver en la imagen zampándose una fruta es mi favorito. Cinco minutos antes de que hiciera esa foto, otro chiquitín comenzó a descender por el tronco pero en cuanto se dio cuenta su madre bajó a por él a toda prisa y se lo volvió a llevar a cuestas hasta las ramas más altas. Mi amigo debió de esquivar la vigilancia parental y allí estuvo con nosotros un buen rato, comiendo a dos carrillos; no aulló ni nada, pero no porque no fuera un mono aullador, sino porque su mamá le habría dicho que es de mala educación aullar con la boca llena.

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