Chatarra ornamental y otras cosas de por aquí

Pues no va el andoba y en lugar de decir hola me suelta de primeras que tengo el cabello muy castigado… Eso me dijo. Un amigo calvo como una rana desde la noche de los tiempos siempre cuenta que añora cuando iba a la peluquería y le atusaGay-hair-stylistban el pelo… Me hubiese gusta’o verlo en esta. Una loca muy parecida a la de la foto estuvo moviéndome el flequillo de un lado a otro durante cuarenta y cinco minutos de reloj y terminé saliendo exactamente como entré, bueno, con R200 menos, lo que vienen siendo 14 eurapios. Es decir, un atraco en toda regla, sobre todo teniendo en cuenta que si en vez de ir a ese salón de estética fashion de la muerte hubiera entrado en la barbería de negricos que había un poco más adelante habría pagado la tercera parte y además me hubiesen cortado el pelo, que es a lo que iba.

No voy a enrollarme demasiado porque ya se pasó Humboldt por el blog hace unos meses para hablar del tema, pero sí me gustaría decir que dar vueltas por ahí te hace tomar conciencia del copia-pega de proporciones bíblicas que se ha producido a escala planetaria, y que por eso cada vez resulta más difícil saber dónde estás: la convergencia cultural decretada sin piedad ha devorado casi todo lo genuino. En ocasiones la clonación es tan perfecta, caso de ese templo de la belleza metrosexual, que sería imposible para cualquiera que estuviera dentro saber si el establecimiento se encuentra en Sudáfrica, Malta o Reino Unido; otras veces al menos los nombres varían aunque se refieran a las mismas cosas:

Nuestros insuperables Risketos tienen réplicas por todas las partes: Twistees malteses o NikNaks sudafricanos, por ejemplo. 

Hace falta esforzarse para encontrar en Sudáfrica lugares en los que comer algo que pueda considerarse típico de aquí. Difícil pero no imposible, porque hace un par de meses unos amigos me descubrieron un restaurante afrikáner oculto en la tupida maraña de McDonald’s, KFCs y demás iconos de la comida basura mundial.

Y allí he vuelto varias veces a mover el bigote. Esta gente prepara unos guisos contundentes y sirven además carnes de muy buena calidad, muchas de ellas incluidas en el reparto de El Rey León: los actores que podéis ver en las imágenes forman parte de la brocheta que descansa en el plato.

El desprecio absoluto por la vida es algo también muy de aquí, y se observa en la propensión de esta peña a tirar del gatillo y, sobre todo, en las pequeñas cosas del día a día. Ayer sin ir más lejos me topé con un tipo subido en lo alto de dos escaleras que el mismo había acoplado artesanalmente arreglando no sé qué cable a más de diez metros de altura. Aquello se movía para todos los lados pero allí estaba el fulano tan pancho, alicate en ristre y sin despegar el cigarro de los labios.

Pero si alguien me dijera:  oye, Gobo ¿qué es lo más típico de allí? Le contestaría sin duda que el empleo de la chatarra con fines decorativos es 100% Made in South Africa. No sé hasta que punto este gusto por la herrumbre ornamental es consecuencia de la globalización impuesta y de todos sus subproductos, pero en cualquier caso nadie puede negar que esta gente ha sabido reutilizar la basura con gracia.

 

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2 respuestas a Chatarra ornamental y otras cosas de por aquí

  1. Vencejo dijo:

    Qué cosilla da comerse un trozo de Pumba.
    Qué? Ya tienes la maleta a punto?

    • josigrock dijo:

      Sí, mejor no pensar más en el pobre jabalí. Y la maleta no se prepara hasta el último minuto, es la marca de la casa… Además, aunque sea contraviniendo a mis costumbres, esta vez tendré que hacer hueco para llevar unos cuantos souvenirs.

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